La Coma #5 – ¿Por qué es difícil darle vida a un personaje?

5–7 minutos

I

En el texto «Para escribir cuentos«, la escritora Flannery O’Connor dice que, para escribir un cuento, hay que empezar por los detalles.

Lo dice porque se sorprende de que muchas personas que quieren escribir no se detienen en eso. En especial, los que recién empiezan.

Flannery O’Connor nació el 25 de marzo de 1925 en Savannah en el sur de Estados Unidos. En sus cuentos retrató lo que conocía: cómo hablaba la gente del sur, cuáles eran sus costumbres (Johnny Cash y Elvis Presley que también eran del sur, lo hicieron también). En definitiva, O’Connor escribió sobre lo que conocía en profundidad.

En el ensayo, la escritora cuenta: “Presté algunos cuentos a una granjera que vive cerca de mí, y cuando me los devolvió me dijo; «Esos cuentos sólo te enseñan lo que harán algunas gentes», y me dije a mí misma que ella tenía razón; cuando se escribe un cuento debería uno conformarse con empezar exactamente ahí: mostrar cómo algunas personas en particular lo harán, lo harán a pesar de todo”.

Los detalles son los que dan vida a los personajes y a los escenarios. Pensemos en J. K Rowling, la escritora de la famosa saga Harry Potter, nacida en Yates (Reino Unido) y ahora pensemos en el tipo de escuela a la que va su personaje, reminiscencias de las grandes universidades de élite como Oxford o Cambridge.

O pensemos en J. R. R. Tolkien, otro escritor británico, creador de la saga El señor de los anillos. Tolkien era muchas cosas, entre ellas lingüista y medievalista, alguien que estudia en detalle y se interesa por el Mundo Medieval. Quienes hayan leído el libro, o visto las películas, notarán claramente la influencia de esa época histórica en los escenarios y personajes.

“Los escritores de ficción que no se preocupan por los detalles concretos”, dice O’Connor, “son culpables de lo que Henry James llamó «especificación débil”. El ojo se desplazará sobre las palabras mientras la atención se va a dormir. Ford Madox Ford enseñó que aún si un personaje aparecerá en un cuento sólo el tiempo suficiente para vender un periódico, tendrá que estar lo suficientemente detallado como para que el lector pueda verlo”.

II

Cada vez que llega un nuevo alumno al taller es notoria su preocupación por algunas cuestiones que suelen repetirse para todo el que recién empieza. Durante los primeros encuentros, suelen estar preocupados por dos cosas:

  1. Si lo que escribieron está “bien escrito” (sea lo que sea que “bien” signifique).
  2. Si se puede escribir sobre ese tema (que ellos sienten banal, o muy subjetivo).

Es lógico: no es fácil leer algo propio frente a un grupo de desconocidos. Después, eso se va diluyendo en el mejor de los casos: la persona encuentra una escucha solidaria en el grupo, opiniones dadas con respeto hacia el trabajo ajeno y todo eso les hace bajar la guardia un poco.

Pero durante los primeros días, cuando estas dos inquietudes siguen revoloteando, lo que sucede es que se genera un debate sobre qué es escribir bien o mal (y ahí entra desde los usos gramaticales, hasta las reglas de la RAE y nociones lingüísticas que parten de la idea “hay una manera de hablar bien”. Después viene la acotación sobre el arte y las vanguardias, se citan esos textos difíciles de seguir, que parecen no transmitir ningún mensaje).

Lo de los temas suele resolverse más fácil. En general alguien dice “vos podés escribir sobre lo que vos quieras” y todos están más o menos de acuerdo.

Pero en todo este tiempo de dar talleres y ver con qué concepto de la escritura llega la gente, la preocupación por la observación y el detalle no aparece.

Dice Flannery O’Connor:

La ficción opera a través de los sentidos, y creo que una de las razones por la que la gente encuentra tan difícil el escribir cuentos, es que olvidan cuánto tiempo y paciencia se requiere para convencer por medio de los sentidos. Ningún lector que no experimente en verdad, al que no se le haga sentir el cuento, va a creer aquello que el escritor solamente le dice. La primera y más obvia característica de la ficción es que tiene que ver con la realidad a través de lo que puede ser visto, oído, olído, gustado o tocado. Claro que esto es algo que no puede aprenderse sólo de memoria; tiene que aprenderse con el hábito. Tiene que convertirse en la manera en que habitualmente se vean las cosas. El escritor de ficción debe darse cuenta que no puede crear compasión con compasión, emoción con emoción u opinión con opinión. Tiene que proporcionar todo esto en un cuerpo; tiene que crear un mundo con peso y dimensión.

III

Hoy por hoy, podría decirse que nunca hubo tantas cosas para ver (pero también escuchar, leer, oler) en el mundo. Casi todas caben en el celular y el celular cabe en nuestra mano.

Así y todo, no sé si se observa más. Este otro verbo requiere tiempo, paciencia, a veces quietud, y finalmente, la capacidad de identificar qué nos interesa de lo que acabamos de presenciar. Esto, claro, en el caso de que nos interese hacer algo con eso. Como contar una historia.

Una vez dimos el siguiente ejercicio en el taller:

“Hacer una lista de características físicas, emocionales y actitudinales que tendría un personaje en un cuento tuyo”.

La mayoría no lo hizo.

No porque no supieran cómo.

No es fácil enfocarse en los detalles. Menos aún si no podemos verlos. Pero sin eso, el texto que escribamos no logrará su objetivo.

“Si se empieza con una personalidad verdadera, con un personaje real, algo tendrá que suceder”, dice O’Connor, “y no se tiene que saber qué sucederá antes de comenzar. Es más, creo que podría ser mejor que no se supiera antes de empezar. Deben de tener la posibilidad de descubrir algo de sus propios cuentos. Si ustedes no lo consiguen, probablemente nadie más lo hará”.

Es como cuando Frodo, el personaje de Tolkien, protagonista de El Señor de los Anillos, duda de si logrará destruir el anillo y así evitar que se termine el mundo. En ese momento  uno de los personajes le dice: “Si vos no encontrás la forma, nadie lo hará”.

Por suerte, el mundo no se acaba porque uno no se siente a escribir.

Pero qué lindo es cuando, contra toda adversidad (trabajo, redes sociales, viajes), se logra..

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