La Coma #7 – Territorios imaginarios I: una tradición americana

4–7 minutos

I

Hay ficciones que transcurren en algún pueblo, en alguna ciudad, que podríamos localizar en un mapa. Hay ficciones que también transcurren en algún pueblo, en alguna ciudad, pero que tienen la particularidad de construir un nuevo mapa. Un mapa, íntimo, donde un escritor logra localizar allí, y desplegar, una serie de personajes y una serie de historias.

Es 1929, y en Estados Unidos, William Faulkner logra publicar la novela Sartoris. Logra hacerlo tras haber sido rechazado en tres oportunidades. Es su tercer libro (los primeros dos fueron La paga de los soldados y Mosquitos). A diferencia de aquellos dos, Faulkner siente que, al escribir este último, descubrió algo que marcará para siempre su relación con la literatura. 

La novela transcurre en el condado de Yoknapatawpha, un territorio inventado. Y es la primera vez que este territorio inventado aparece en uno de sus libros. Yoknapatawpha proviene de la lengua nativa americana: Chickasaw, y está compuesta por las palabras Yocona y Petopha, que significa: tierra dividida. El condado de Yoknapatawpha está ubicado en el sur de Estados Unidos; tiene una extensión de 2.400 millas cuadradas y una población de 6.298 blancos, 9.315 negros; está flanqueada por los ríos Tallahatchie (al norte) y Yoknapatawpha (al sur), y la ciudad capital del condado es Jefferson.

William Faulkner

Faulkner nació en 1897, en New Albany, un pequeño pueblo ubicado en el condado de Lafayette, en el sur de Estados Unidos, y es el hijo mayor de cuatro hermanos de una típica familia sureña. Nació y se crió en medio de un territorio marcado por la derrota en la Guerra Civil, con familias aristocráticas en decadencia; un territorio rural, racista y donde persistía aún la esclavitud. 

Unos años antes de escribir Sartoris, vivió en Nueva Orleans. Tenía 28 años y todavía no había escrito nada. Allí conoció y se hizo amigo de Sherwood Anderson (considerado, más tarde, por Faulkner, como el padre de su generación). Influenciado por la rutina de trabajo de Anderson (todas las mañanas se encerraba a escribir durante horas), Faulkner empezó a hacer lo mismo. “La paga de los soldados Mosquitos lo escribí por el placer de escribir, porque me resultaba divertido”, contará para la revista París Review en 1956. Cuando terminó de escribir el primer libro, quiso que su amigo lo leyera y le entregó el manuscrito. Pero Anderson prefirió no leerlo sino dárselo a un editor que conocía y quien finalmente lo publicó. Después le dio un consejo: si quería dedicarse a la escritura, que siempre escribiera sobre aquello que conocía. 

Entonces Faulkner regresa al recuerdo de su tierra natal: Yoknapatawpha es Lafayette, Jefferson es Oxford, la capital del condado donde William Faulkner vivió de chico y de grande también. Y en ese territorio íntimo, propio, compuesto por estratos sociales con familias blancas aristocráticas en declive, con granjeros, con inmigrantes blancos pobres, con una población negra que conforma casi la totalidad de los habitantes del condado, compone un universo en el que desplegará, a partir de Sartoris, gran parte de su obra literaria y de sus personajes más recordados.

II

Con Yoknapatawpha inicia una tradición, americana, de autores que imaginan un pueblo, una ciudad, desde donde interrogan a la existencia humana. Una tradición americana que se desliza por el continente y se manifiesta, años más tarde, en Uruguay, aunque también en Buenos Aires, porque Juan Carlos Onetti vive en la capital porteña, cuando imagina, remotamente, la existencia de otro lugar en el que poder estar. Onetti lleva un tiempo viviendo en Buenos Aires, mientras la familia vive en Montevideo. Va y vuelve, una y otra vez. Se siente cansado ya de hacer ese movimiento asiduo y desea poder estar en algún otro lugar; un lugar mestizo es el que desea, un lugar que sea un poco Buenos Aires y también un poco Montevideo.

Juan Carlos Onetti

Ese lugar, al que Onetti desea ir, se llama Santa María.

Es 1950, y Juan Carlos Onetti acaba de publicar la novela La vida breve. En la novela, uno de los personajes centrales es José María Brausen. Un publicista, guionista de cine, casado con una mujer (Gertrudis), a la que acaban de operar de un tumor en el pecho, y hastiado de sentirse viviendo una vida pequeña, insignificante, sin un horizonte diferente. A Brausen le han encargado escribir un guión, y durante la duermevela de una siesta, imagina una ciudad y una trama. 

Esa ciudad que Brausen imagina es Santa María. En cierto sentido, Brausen la recuerda. De chico, un día de verano, estuvo en una ciudad que se llamaba de la misma manera. Recuerda, de esa ciudad, el aire, los árboles frente al hotel y la placidez con la que una balsa llegaba por el río. 

“El terreno de Santa María no tiene ninguna elevación de importancia; la ciudad, la colonia, el paisaje total que puede descubrirse desde un avión, baja sin violencia, llenando un semicírculo hasta tocar el río; hacia el interior, la tierra es llana y pareja, sin otra altura notable que la de los montes” (Juntacadáveres, Punto de lectura, 2007). 

Y después de recordarla y de imaginarla, Brausen vislumbra un primer personaje, un médico: Díaz-Grey, que tiene unos cuarenta años, que vive en Santa María desde siempre, y que es poseedor de cierta desesperanza y carencia ya de sorpresas. Y vislumbra también, a partir de la presencia del médico, una primera escena: Una mujer irrumpe en el consultorio del médico, y detrás de un biombo se quita la blusa para ser examinada de algo que tiene en el pecho.  



Con la publicación de Sartoris, Faulkner descubre que no alcanza con el hecho de que cada libro tenga un sello determinado, sino que lo importante es que la obra completa de un escritor tenga una marca distintiva. “Cuando empecé con Sartoris comprendí que mi pequeño sello editorial, el sello de mi tierra nativa, era digno de constituir un tema literario, y que nunca viviría lo bastante para agotarlo”. Y en Santa María, Juan Carlos Onetti logra construir, y desplegar, un universo narrativo de fragmentos, de historias, de personajes que aparecen y vuelven a aparecer una y otra vez en muchos de sus libros. Y logra, sobre todo, construir un lugar, un lugar donde quedarse a vivir.

🌵

Deja un comentario